“DIGITALIZANDO LA DEMOCRACIA”

democracia digital

Actualmente existe un debate acerca de la forma en la que votaremos los chilenos en el futuro. Mientras algunos afirman que el voto electrónico es la solución a todos los problemas, otros declaran que la implementación de este sistema significaría el fin de la transparencia en el proceso electoral.

 

a conoces el proceso: llegas al lugar de votación y entras a una fila gigante para ejercer tu deber cívico. Luego de mucho tiempo, finalmente llega tu turno y te das cuenta de la causa de tamaña demora. Además del usual proceso de presentar el carné y firmar el acta, te entregan varios papeles de distintos colores, algunos con docenas de nombres. Luego de elegir los candidatos, debes doblar todos los votos de una forma específica y, finalmente, introducirlos a la urna.

 

El proceso es engorroso y no es ninguna sorpresa que los adultos mayores, los discapacitados y las personas con menores capacidades cognitivas y de concentración tengan problemas cumpliendo con todo el procedimiento de forma expedita. Para muchos, la solución a este problema es simple: voto electrónico.

 

SIMPLE Y EFICIENTE


La incorporación de un sistema de voto electrónico cambiaría por completo el proceso electoral. Elegir a los candidatos presionando un botón no solo aseguraría una operación mucho más expedita y eficiente, sino que también eliminaría una serie de problemas operativos, propios de la falibilidad humana. Un ejemplo de ello es la emisión de votos nulos o blancos. Bajo un sistema electrónico, estos votos deberán ser confirmados como tales, bajando la probabilidad de que se originen por problemas de comprensión, accidentes o falta de atención. Esto podría tener consecuencias sumamente positivas para el proceso democrático, dándole un nuevo significado a estos votos.

 

El recuento de los votos es otro beneficio lógico. La jornada de conteo en todos los locales de votación sería un proceso muchísimo más eficiente, disminuyendo además la necesidad de una gran cantidad de vocales de mesa. La compilación de los datos se llevaría a cabo de forma muchísimo más rápida y, al menos hipotéticamente, deja atrás cualquier tipo de error humano. Según las palabras de Arnoldo Carrillanca, Jefe de División de Tecnologías de Información del SERVEL, “el voto electrónico ayudaría a disminuir la cantidad de errores que tiene el proceso, posibilitando una operación mucho más confiable”.

 

Muchos de los impulsores de esta tecnología afirman que todo el polémico capítulo producido en las elecciones municipales de 2012 donde Maya Fernández (PS) fue declarada alcaldesa electa de la comuna de Ñuñoa – cuando en realidad Pedro Sabat (RN) tenía la mayoría de votos – podría haber sido fácilmente evitado. El argumento es simple: cuando el conteo de votos lo lleva un computador, esto deja fuera cualquier error humano que contamine el proceso.

 

Entonces, ¿podremos los chilenos contar con esta modalidad de votos en el futuro cercano? Según Carrillanca, “no es una cuestión de llegar e implementar la tecnología”, ya que, como podríamos imaginar, existen complicaciones que van más allá de lo técnico. “Desde el punto de vista tecnológico es un tema muy factible, porque ya tenemos soluciones, de empresas proveedoras y todo el aparataje asociado. Podríamos empezar a trabajar en un piloto bajo esa orientación, pero hay temas culturales, legales y de gestión del cambio que la misma ciudadanía tiene que resolver”, explicó el jefe de división.

 

SISTEMA MIXTO


Aunque cada voto realizado e ingresado a la urna se realiza de forma física y análoga, mediante un papel marcado con lápiz grafito, el proceso de conteo ya se encuentra digitalizado según Carrillanca. “Hay que partir definiendo qué es el voto electrónico, ya que hoy tenemos una transmisión de resultados en forma digital que ya opera y es un éxito”, explica.

 

El conteo de escaños es la última parte análoga del proceso. Una vez que los datos se digitalizan manualmente, la información sigue su camino mediante una serie de redes a un servidor central, al igual que cualquier país donde el voto electrónico ya está implementado. Es decir, al menos en parte, el voto electrónico ya existe en Chile y lo único que falta por digitalizar es el “input” de los datos, lo que es el voto de cada ciudadano.

 

DISENSIÓN


El voto electrónico es una realidad en países vecinos como Venezuela, Argentina y Brasil. En este último caso gracias a su implementación, los cariocas lograron eliminar una serie de malas prácticas en un país cuya base de votantes supera los 100 millones. Si el voto electrónico promete tantas ventajas, ¿por qué varios sectores se oponen a su implementación? Aunque muchos se resisten por un temor irracional o por considerar que el voto físico es una tradición republicana, otros cuentan con argumentos de peso que no pueden ser ignorados.

 

La transparencia es, en general, el punto más criticado de este sistema que imposibilita la fiscalización ciudadana de cada voto emitido y hace difícil cualquier tipo de control o auditoría independiente. Hoy en día, un ciudadano se puede acercar a cualquier mesa y fiscalizar “in situ” que el conteo se está realizando de forma correcta, proceso completamente inviable bajo un régimen de voto electrónico. Volviendo al caso ya mencionado de Maya Fernández y Pedro Sabat, los opositores a la implementación del voto electrónico destacan a este proceso como un caso emblemático de la transparencia del sistema electoral chileno.

 

“Desde luego que en ese caso se produjeron errores que una máquina hipotéticamente no cometería”, dice Luis Cárdenas, ingeniero informático de la Universidad de Chile, “pero el voto físico permite que contemos y recontemos los votos hasta el cansancio con total transparencia, procedimiento imposible con el voto electrónico”. El caso de las elecciones presidenciales de EE.UU. del año 2000 es emblemático para los que se oponen a este nuevo sistema. Luego de errores en la lectura de tarjetas perforadas en estados que contaban con este tipo de procedimiento, el resultado de las elecciones se mantuvo en suspenso por varios días y debió ser zanjada por el Congreso de ese país. El resultado final del proceso fue un escenario muy negativo para cualquier democracia: la elección de George W. Bush fue fuertemente cuestionada y, al menos por un tiempo, puso en duda la legitimidad de su presidencia.

 

Otro ejemplo frecuentemente usado es el dictamen de la Corte Constitucional de Alemania que afirma que el voto electrónico viola los principios de publicidad de la elección, imposibilitando el control por parte de los ciudadanos. Holanda fue uno de los pioneros en la adopción de este sistema, que tuvo resultados mixtos según la ciudadanía de ese país. Luego años de operación, decidieron cambiar en la dirección inversa a la que Chile apunta: regresaron al voto con lápiz y papel.

 

¿QUÉ PASA CON LA SEGURIDAD?


Cuando lo que está en juego es la mismísima legitimidad de los gobernantes y del propio sistema político, siempre ha sido deseable que los esfuerzos por mantener un proceso limpio impliquen sistemas de seguridad transparentes y sólidos. Los trucos son innumerables: suplantación de electores, acarreo de votantes, compra de votos, entre muchos otros.

 

Aunque Chile hoy se encuentre prácticamente libre de este tipo de prácticas, se teme que, como cualquier sistema computacional, éste pueda ser vulnerado por hackers o grupos de interés. Sin embargo, este tipo de preocupaciones ya deberían existir bajo el régimen actual. Tal como fue anteriormente establecido, el conteo general de los votos ya es digital y cualquier grupo de este tipo ya es un peligro bajo el sistema actual. De hecho, según cifras del SERVEL, durante las elecciones presidenciales y parlamentarias de 2013 el servicio registró más de 8 mil ataques a sus servidores. Ninguno tuvo éxito. Este punto hace que podamos respirar más tranquilos, pero como cualquier sistema de este tipo, el peligro siempre está presente.

 

EN EL CORAZÓN DE LA BESTIA


La pesadilla de cualquier profesional del área de gestión es tener que trabajar a toda máquina, entregar información constante a tiempo real, sin tolerancia al error y con una constante preocupación por la seguridad. Este es el escenario que vive SERVEL. Al menos por un par de días a cada dos años, este organismo maneja un sistema que debe dar abasto para más 13,5 millones de electores habilitados (a pesar del gran nivel de abstención que se produce todos los años), más de dos mil locales de votación, más de 200 mil vocales de mesa y más de 40 mil mesas receptoras de sufragios.

 

Además de todo lo anterior, debe mantener una red capaz de entregar información a más de 1,5 millones de consultas en un solo día y hasta 390.000 requerimientos por segundo en su punto peak.

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