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LA NUEVA REVOLUCION INDUSTRIAL YA ESTA AQUI
La impresión 3D inicia un proceso de democratización que está permitiendo que esta tecnología sea cada vez más usada y valorada. Permite fabricar (casi) cualquier cosa de manera sencilla y a bajo costo. Su uso en medicina, la llamada bioimpresión, está revolucionando el mundo de la salud. Ya existe la primera impresora 3D creada íntegramente en Chile.
La impresión 3D ya ha sido bautizada como la tercera revolución industrial. Esta tecnología vive un auténtico boom en estos días gracias a su democratización por  la importante bajada de precios de los equipos domésticos que ya se comercializan en todo el mundo, aunque todos los expertos señalan que todavía tardará unos años en ser un hardware habitual en nuestras casas. Mientras tanto, las aplicaciones empresariales no dejan de multiplicarse y su uso en disciplinas como la medicina está revolucionando el mundo de la salud hasta niveles realmente insospechados.
 
Este año, incluso, está previsto que lleguen a las tiendas especializadas las primeras impresoras de comida, que ya están siendo utilizadas por los astronautas de la NASA en sus misiones espaciales. Los usos de las impresoras en tres dimensiones no parecen tener más límites que la imaginación y el ingenio de los usuarios. Toda una revolución en marcha. A fin de cuentas, la impresión 3D permite “hacer (casi) cualquier cosa”, según explicó el experto mundial en la tecnología, Neil Gershenfield, del Massachusetts Institute of Technology (MIT). Además, este 2015 está llamado a ser el año de la democratización de estas impresoras. De hecho, según Wohler Consulting Group, las ventas mundiales de productos y servicios relacionados con la impresión 3D superarán los 3.700 millones de dólares en los próximos meses.

Este fenómeno no es fácil de explicar pero Víctor Ruz, fundador de la empresa DreamBox 3D, creadora de la primera impresora 3D con ‘RUT’ chileno, aporta varias pistas: “Piensa en una máquina que te permite crear algo que en algún momento estuvo en tú cabeza, ya sea por necesidad, invención propia, o la simple curiosidad de crear algo. Piensa en una máquina que te permite crear una pieza nunca antes vista, ya sean juguetes, prótesis, máscaras, joyas, floreros, zapatos, carcasas, repisas mangos para bicicletas, accesorios para cámaras, cocina, proyectos estudiantiles, herramientas funcionales[RA1] …”.
Las aplicaciones más trascendentales de la impresión 3D residen en el campo de la medicina, en lo que ya se conoce como bioimpresión 3D. Una revisión casi total a la manera en que los galenos se enfrentan a su profesión cada día que llega de manos de una industria cada día más innovadora y que es capaz de ofrecer grandes soluciones a grandes males con unos costos reducidos y con el valor añadido de hacerlo de manera personalizada. “Cuando me preguntan acerca de esta tecnología siempre respondo que prácticamente es una mini fábrica a tu disposición, y con un único límite, tu creatividad. La auto producción de objetos hechos a tu medida y personalizados ya es todo un hecho, y este tipo de avance ya está disponible al público general”, apunta Ruz.

Bioimpresión para (casi) todos los males

Un repaso por las últimas noticias del sector permite hacerse una idea de por dónde van los imparables avances en bioimpresión. Daniel Melville, un joven británico de 23 años, nació sin el brazo derecho, pero hace solo unos meses pudo ‘recuperar’ esta extremidad gracias a un amigo ingeniero que primero escaneó su brazo izquierdo y lo usó para moldear en su computador uno diestro. Todas las partes de esta prótesis se imprimieron una a una en una impresora 3D común. El ingeniero, Joel Gibbard, de tan solo 24 años, tardó exactamente 20 minutos en realizar el escaneado y 40 horas en la impresión y ensamblaje de las piezas. En menos de dos días, Daniel estrechaba la mano de su amigo por primera vez. El coste total de la operación ascendió a 450 dólares.
También el año pasado, científicos de la Universidad de Pekín fabricaron un pequeño implante con una impresora 3D. En esta ocasión la beneficiaria fue una niña de 12 años a quien se le había detectado un tumor en una vértebra. Los médicos, sustituyeron la vértebra infectada por una impresa en titanio a medida de la paciente. No hicieron falta adhesivos ni tornillos, y la nueva vértebra fue creada con poros para que el hueso pueda crecer naturalmente.

Y no solo eso. Unos meses antes, en una operación que marcó todo un hito en la historia de la medicina, profesionales del Hospital Universitario de Utrecht, en Holanda, intervinieron a una [RA2] joven de 22 años con una grave enfermedad en los huesos que provocaba que el tamaño de su cráneo aumentara sin cesar, lo que ponía en riesgo su vida y le provocaba problemas de visión y fuertes dolores crónicos. Los médicos europeos inventaron y crearon un nuevo cráneo para la [RA3] joven y lo imprimieron en 3D. La operación se prolongó durante 23 horas, tras las cuales la joven pudo volver a tener una vida completamente normal y fuera de todo riesgo. Las medidas exactas de la caja craneal fueron tomadas gracias a un escáner de tres dimensiones. Esa información se pasó después a la impresora 3D, que reprodujo el cráneo de la mujer utilizando "plástico normal y corriente", aunque "muy duro", según precisó el cirujano que dirigió la operación, Bon Verweij, para quien “lo más novedoso es que implantamos la totalidad del cráneo, desde la frente hasta la nuca y de una oreja a la otra”, según explicó en una entrevista.

Los ejemplos de la adopción de esta tecnología por parte de la medicina en los últimos tiempos son muchos y sorprendentes. Incluso se ha probado con éxito en tratamientos veterinarios. Como el caso de Derby, un perro que nació con una importante deformidad en sus patas delanteras, lo que le impedía prácticamente moverse. Por suerte, su dueña, Tara Anderson, trabajaba en una empresa dedicada al rubro de la impresión 3D (3D Systems). Los trabajadores de esta compañía inventaron hace pocas semanas unas ingeniosas prótesis para las patas del can, las imprimieron en 3D y Derby pudo volver a correr junto a su dueña.

Pero si impresionantes son los logros cosechados hasta ahora, lo mejor parece estar por venir. La empresa estadounidense Organovo es quizá la que más miradas atrae en el mundillo de la bioimpresión 3D. Algo que resulta hasta cierto punto lógico si se tienen en cuenta que han conseguido imprimir nada menos que hígados humanos. De momento son sólo réplicas diminutas de este órgano vital para la vida de las personas, pero calculan que en unos diez años más, podrán poner en el mercado los primeros modelos ‘reales’. En cuanto a los que ya han conseguido crear, aunque su tamaño se mide todavía en milímetros, estos mini órganos pueden realizar la mayoría de las funciones de uno real, lo que representa un gran salto para determinar con mayor precisión los efectos de medicamentos y enfermedades sobre tejido hepático.

Más concretamente, los mini-hígados creados por Organovo miden medio milímetro de profundidad y 4 milímetros de ancho. Para “construirlos”, según han explicado sus profesionales, una impresora crea cerca de 20 capas de hepatocitos y células estrelladas. Añade también células del revestimiento de vasos sanguíneos; éstos forman una delicada malla de canales que suministra oxígeno y nutrientes a las células del hígado, permitiendo al tejido vivir por cinco días o más. Las células provienen de tejido sobrante removido en operaciones y biopsias. El objetivo principal de esta empresa, según han reconocido en varias entrevistas recientes, es crear estructuras de tamaño humano para trasplantes. De momento, el gran reto es imprimir redes más grandes de canales de vasos sanguíneos para alimentar el órgano.

Como ya se ha dicho, de momento habrá que esperar para que estos avances se conviertan en realidades, aunque no es necesario que las impresoras 3D impriman con células reales para que comiencen a salvar vidas. A comienzos de este año, varios cirujanos del Hospital Infantil de Miami, realizaron con éxito una operación de corazón a una niña de cuatro años que sufría un mal congénito conocido como conexión pulmonar venosa anómala (TAPVC, por sus siglas en inglés), que provocaba que sus venas condujeran sangre a la parte incorrecta del corazón. La operación fue calificada de gran dificultad, no sólo por tratarse de intervenir sobre un órgano tan delicado como el corazón, sino porque nunca se había realizado en los quirófanos de Florida. Los galenos no dudaron en imprimir un corazón con una impresora 3D idéntico al de la pequeña, y lo usaron para practicar la operación que, finalmente, fue todo un éxito.
Una herramienta indispensable

Pero la impresión 3D no sólo ha revolucionado el mundo de la medicina, prácticamente ha supuesto un cambio de modelo industrial a todos los niveles. Según explica Víctor Ruz, “ahora las personas pueden pensar en no comprar más esa manilla que se ha roto, en ese soporte para toallas, en ese accesorio, o ese juguete, y es aquí donde se define por qué es la siguiente revolución industrial, porque este tipo de tecnología rompe la cadena de producción convencional, y deja espacio a las minis producciones en serie, generando incluso nuevos usos y negocios. Es por eso que creo firmemente que en unos años más habrán impresoras 3D en cada hogar y será una herramienta indispensable, porque ya es un escalón para la tecnología y la auto fabricación”.

Y en este nuevo paradigma la imaginación es la que manda, dado que las aplicaciones son, según parece, infinitas. Por ejemplo, para el fundador de la compañía chilena DreamBox 3D “pensar en solo un campo para esta tecnología no es lo más indicado”. Algo que dice con conocimiento de causa dado que en sus oficinas y talleres han tenido “requerimientos desde todos las áreas, ya que hemos visto usos tanto en salud, ingeniería, arquitectura, arte, como herramienta comercial, en la industria inmobiliaria, etc.”. “Lo gracioso de la impresión 3D es que cuando crees que ya lo has visto todo, aparecen personas con nuevos requerimientos e ideas, y en definitiva eso nos ha impulsado a seguir con nuestros desarrollos, creando nuevas tecnologías aquí en Chile y para el mundo”, añade.

Tal y como parece, esta revolución industrial no es ajena a Chile, de hecho es uno de los países de la región con mejor puesta de salida para aprovechar las ventajas de la impresión 3D, aunque todavía está lejos de otros países más punteros tecnológicamente. Sólo en la capital existen tres FabLabs (uno ligado a la Universidad Católica, otro a la Adolfo Ibáñez, y el tercero a la Universidad de Chile) y en Talca hay un cuarto que trabaja de forma independiente. Estos espacios o laboratorios de fabricación digital, forman parte de una gran red de centros similares impulsados por el MIT. Trabajan sin ánimo de lucro y en código abierto, por lo que los diseños que hoy se hacen en Santiago, mañana pueden ser replicados en Singapur, en Finlandia o en cualquier parte del mundo puesto que existen en la actualidad 472 repartidos por todos los rincones del planeta. Así, lo que se inició como un proyecto de extensión del Center for Bits and Atoms del Massachusetts Institute of Technology, hoy se ha convirtió en una red global y colaborativa, con miles de entusiastas de la impresión 3D.

Y a estos centros hay que añadir las iniciativas privadas como Stgo. MakerSpace o la impulsada por Víctor Ruz, quien no duda en afirmar que en Chile han tenido “muy buena acogida”. “Nos miran ya como referentes en este campo, y respecto a las ventas de máquinas e insumos nos enfrentamos a una sobre demanda, por lo que en este momento aumentaremos nuestra línea de producción para poder responder a la creciente demanda de las personas de Chile y Sudamérica”, asegura.
Además, estas empresas ejercen una labor pedagógica que permite que cada día más gente se acerque al mundo de las impresoras 3D. “Hay personas me preguntan ‘para que me puede servir esta tecnología’ yo siempre les respondo para que no te podría servir, y continuado a eso les menciono el ejemplo de los computadores, máquinas que se pensaban solo eran para científicos y nerds, y ahora en cada hogar existe uno y no podríamos trabajar sin ellos”, prosigue Ruz.

La primera impresora 3D chilena

Pero si algo diferencia a DreamBox es su audacia para desarrollar la primera impresora 3D fabricada en Chile y que lleva el mismo nombre que la compañía. Ruz explica que el proceso para la creación de la DreamBox fue “largo y difícil” y que aún están en crecimiento. “Hemos tenido que enfrentar críticas, y pese a eso, seguir y creer que lo que hacemos en Chile es bueno, y que también creamos tecnologías. Tenemos la visión de que no solo somos una vitrina del mundo, y que todo lo compramos de afuera”. Además, Ruz y su equipo son ambiciosos: “Nuestra meta es vender en toda Sudamérica y el mundo, y de a poco estamos empezando a hacerlo realidad”.

Pero el camino hasta poder hablar con ese optimismo no ha sido sencillo. “Cuando empecé este proyecto partí sin nada, y en la bodega de mi casa, ahora ya tenemos inversionistas e importantes empresas interesadas en DreamBox 3D, y somos un equipo de 5 personas además de contar con socios estratégicos, con esto quiero decir que si tienes una idea nunca hay que rendirse, y escuchar los consejos como consejos, no como verdades absolutas, ya que más vale intentar y equivocarse, que nunca intentar”.

Una filosofía de trabajo que hace que las cabezas de estos emprendedores tecnológicos no deje de dar vueltas a nuevos proyectos y mejoras, algunas ni siquiera las quieren compartir todavía. “De los nuevos proyectos no puedo hablar mucho ya que son parte de DreamBox 3D, pero, lo que les puedo adelantar es que tendremos disponible una máquina con un sistema de impresión distinta a las demás, mejorando su velocidad y resolución de impresión. También hemos visto como foco principal, crear un nuevo software mucho más sencillo de utilizar y que permita utilizar la máquina de forma remota y con varios usuarios a la vez”, explica. La nueva revolución industrial ya está en marcha.

 
Visto 14531 veces Modificado por última vez en Saturday, 26 November 2016 04:36
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